Ys, el segundo disco de la arpista americana Joanna Newsom, comienza donde acabó "En Gallop", tema siete de doce de su debut discográfico The Milk-eyed Mender. Newsom ha desarrollado y perfeccionado un estilo único. Como en el disco anterior, introduce la melodía un pulso antes de que el ritmo empiece o antes de que vuelva a repetirse; cuando el ritmo cambia, muchas veces se entrelaza con la melodía sin marcar mucho el cambio rítmico, y el énfasis va en la melodía y en lugares poco convencionales. La dinámica musical siempre depende de la prosodia literaria, esta última dictando la variedad melódica y rítmica. En el primer disco hay ciertos elementos del jazz (que, de hecho, provienen de ritmos africanos), pero en este disco ha preferido usar polirritmos y técnicas de músicos de kora del África occidental. Sin duda, el folk dejó huella en el espíritu de Newsom, y ahora es solamente un sentimiento que a veces se hace ver en algunas cadencias y frases musicales, pero a su vez, están cubiertas con arreglos orquestales majestuosos del compositor americano Van Dyke Parks.
Su canto es menos nasal que en el disco anterior, y ahora a veces da unos chillidos al principio de algunas frases, pero no son desapacibles. El sonido de su voz es estrecho y delgado, pero ancho y grueso en el momento necesario. No es ninguna sorpresa que, con todos los adornos instrumentales y arte barroco del álbum, ahora aparte de presentar más agilidad, su voz precisa una capacidad de coloratura, una técnica habitual en la música barroca. Sumemos a todo esto los falsetes que a veces da para indicar premura o tensión.
Se puede percibir una sensación folclórica al escuchar el contraste entre la letra y la música mientras el arpa y la orquesta tocan exuberantemente pasajes contrapuntísticos, melódicos y hasta disonantes; en todo su esplendor, la voz de Newsom atraviesa el espectro musical para narrar historias muy personales sobre su hermana (una astrofísica), un mono y un oso queriendo huir de una granja (o un circo), un poema algo confesional sobre un compañero (amoroso, el lector supone), otro sobre una niña y su familia que en sus aventuras ven un incendio (aparentemente, en el campo) y, finalmente, la pérdida de un ser querido. El lenguaje poético en sus poemas es muy coloquial, y muy parecido al estilo de cantantes de folk, pero lo interesante es que algunas veces Newsom usa palabras arcaicas, como thee (en castellano moderno, sería ti [pronombre personal en segunda persona]; en castellano medieval, podría ser vos) y fain (una forma arcaica de "disponer"), muy conscientemente. Muchas veces también hace referencia a ideas esotéricas, como al asterismo, y de vez en cuando usa un lenguaje poético elevado y metafórico. Describe paisajes y sucesos con bastante nitidez, ya que el disco entero contiene muchos sustantivos y adjetivos visuales con mayor contenido y profundidad, y una sola cancion abarca varios temas, tal vez por eso son larguísimas las canciones. Al querer escribir de tantas cosas, decidió no revelar casi nada sobre los personajes y, lo que es más, varios versos sólo hacen sentido a la autora. Cuando se considera el propósito del título del disco, todo se torna más misterioso aún.
La leyenda de la ciudad sumergida de Ys (o Ker-Ys [pronunciada Ker-Is], traducción: Fortaleza de las profundidades), situada en el Mar del Norte, proviene de la cultura celta, particularmente de origen bretón. Cuentan que esta ciudad fue la más hermosa jamás contemplada por el hombre. Existen varias leyendas, pero la más completa trata de un rey llamado Gradlon, originario de Cornualles, que tenía varios buques de guerra con los cuales subyugaba a sus enemigos. Gradlon, un gran estratega y marinero, se hizo rico de tanto saquear a sus enemigos. Cansados de pelear en tantas batallas, sus hombres finalmente lo abandonaron y regresaron a sus casas a estar con sus mujeres e hijos y a vivir en paz. Gradlon perdió todos sus barcos y se sentía solo y vencido, especialmente porque sus hombres se habían marchado. De repente se le apareció una pálida figura femenina, deslumbradora y hechizante con rojiza cabellera. Era Malgven, la Reina del Norte. Le dijo que sabía de él: joven, valiente, vigoroso y diestro en la batalla. Ella también le contó que su marido era decrépito, y ellos podían acabar con este para luego regresar a Kernow a casarse y vivir juntos. Gradlon, perdidamente enamorado de ella, aceptó y asesinaron al Rey del Norte tal y como se lo propuso Malgven. Llenaron un sólo cofre de oro, montaron el corcel de batalla de Malgven, llamado Morvarc'h (o Caballo del mar), y fueron en busca de los hombres que habían abandonado a Gradlon en naves que le pertenecía. Pronto los alcanzaron y Gradlon tomó a cargo la nave insignia de la flotilla. Primero navegó al este, luego al sureste, pero cuando estaba en la Isla Brumosa, una violenta tempestad los azotó. Fueron alejados al noroeste, a reinos y lugares desconocidos. Estuvieron en el mar un año antes de que pudiesen volver a encontrar el camino a Kernow. Fue en este viaje épico en el cual Malgven dio a luz a una niña, llamada Dahut. Poco después, Malgven se enfermó y falleció. Gradlon, desconsolado, regresó a su castillo y se encerró para no salir nunca más. Su hija fue creciendo y, al igual que su madre, estaba muy unida al mar. Dahut le pidió a su padre que construya una ciudadela bajo el mar. El padre ordenó a cientos de arquitectos, artesanos ebanistas, herreros y demás personas para llevar a cabo la construcción de esta ciudad en una bahía de la costa de Bretaña. Para proteger la ciudad del tumultuoso mar e inundaciones, la estaban construyendo encerrada en lo que hoy se llamaría una represa hidráulica, pero esencialmente era un gran e impenetrable muro de piedra. Su única entrada era a través de una enorme puerta de bronce, de la cual solamente Gradlon tenía la llave. A esta ciudad la llamaron Ys.
Cada vez que los pescadores regresaban de faenar pasaban por la ciudad y veían a una hermosa mujer en la costa. Ella, mientras se entretenía con su cabello dorado, le cantaba a las olas. Ys se convirtió en un lugar de excesos. Dahut atraía a los hombres con su canto y cada noche uno terminaba en su dormitorio. Durante el día, se iba a fiestas con el que quería y lo cortejaba. En estas fiestas usaba una máscara negra y se llevaba al marinero a su posada. Hacía ella con él lo que deseaba y al amanecer la máscara por sí misma se extendía hasta el cuello del compañero de Dahut y lo sofocaba hasta que muriese. Después la máscara se desplazaba de ambos y Dahut pedía a un jinete que arrojase al muerto como ofrenda al océano en un lugar conocido como Trepasses (o Bahía de los muertos).
Así vivieron por muchos años, y la ciudad llegó a ser muy próspera. Se decía que Dahut había hecho un pacto con el océano, pero no hay mucha información al respecto. Lo cierto es que un día llegó un jinete desconocido y atractivo vestido de púrpura. Dahut intentó cortejarlo pero no le hizo caso, así que arregló para que se sentase cerca a ella durante el festival de la tarde. Al anochecer, se conocieron y ella, enamorándolo, empezó a contarle cuentos y leyendas. Él respondió de manera agasajadora. Pronto se escuchaba el tumultuoso mar y el viento furioso. Dahut le dijo que no había problema porque las puertas eran fuertes y sólo la llave que colgaba en el cuello de su padre podía abrirlas. El hombre misterioso le pidió a ella que la robe. Ella aceptó y cuando la consiguió, una ola gigantesca, más alta que cualquier montaña, emergió de las aguas. Gradlon se despertó y Dahut le exclamó que el mar había hecho una brecha en el muro y deberían escaparse con Morvarc'h. El mar los alcanzó y Dahut pedía auxilio, pero en ese momento salió una figura del océano. Era San Guénolé y quería hacerle pagar por tratar de robar la llave de Ys. El corcel que montaba Gradlon pronto se hundió y San Guénolé le pidió al rey que deje a la princesa. Las olas se cerraron sobre Dahut y los habitantes de Ys, pero Morvarc'h pudo escaparse. Gradlon montó al caballo y se fugó, y el rey fundó Quimper, la nueva capital de su reino. Cuando él murió, se erigió en su honor una estatua de él montando su corcel mirando a la ciudad de Ys.
Los bretones dicen que Ys fue la más bella y magnífica ciudad del mundo, y que después de la destrucción de esta ciudad, cambiaron el nombre de Lutecia a París porque "Par-Ys" en bretón significa "Como Ys".
El catolicismo asumió muchas de las tradiciones paganas y, ya que la catequización resultaba difícil en estas regiones (Bretaña francesa, Irlanda y Gales), se cambiaban las historias y cuentos para divulgar con más facilidad la palabra de Dios. En este sentido, la moraleja es que el cristianismo vence al druidismo tradicional y ancestral. San Guénolé representa el cristianismo y Dahut se supone que representa el druidismo, según el criterio y la perspectiva cristiana.
Ahora, probablemente la leyenda tenga que ver con los cuentos de Newsom, pero sus versos dan pocas señales de esto. No obstante, como una expresión artística, surrealista y misteriosa, lo que ha logrado es sumamente interesante.